domingo, 3 de julio de 2011

MARÍA DUEÑAS: "El tiempo entre costuras"



A MODO DE INTRODUCCIÓN

Tenía que llegar ya el momento de dedicarle una de las entradas de mi blog a la novela de María Dueñas,  “El tiempo entre costuras”. Y no por su sorprendente y considerable éxito de ventas, ni por su calidad literaria (que la tiene, a pesar de que algunos arruguen la nariz cuando oyen hablar de bestseller). Podían ser éstos los motivos, pero no lo son. La razón de que “El tiempo entre costuras” merezca una de las entradas más importantes para mí en la hasta ahora breve trayectoria de este blog, reside en varios aspectos:
-       Parte importante de mi familia, tanto por parte de padre como de madre  (y por razones diversas que no vienen al caso) , residió en Tetuán durante los años en los que transcurre la acción narrada.
-       La pastelería La Campana de Tetuán (a la que acude la narradora y protagonista Sira Mora en varias ocasiones) era propiedad de mi familia materna.
-       Tetuán ha sido una ciudad que, durante la infancia y la adolescencia, desempeñó un papel activo en la memoria sentimental de quien firma estas líneas.
Por todos estos condicionantes, la elaboración de la presente entrada está realizada con mucho cariño y afecto. Es más: sin que sirva de precedente (y siempre que los archivos fotográficos privados me lo permitan), las selección de imágenes va a perder su tono neutro habitual para convertirse, en determinados momentos, en una especie de álbum de fotos personal, como homenaje íntimo a todos aquellos familiares que me pasearon de la mano, cuando era apenas un zagal, por las intrincadas callejas y luminosas plazas del Tetuán de los años 60.
Si la realidad y la ficción fueran universos tangentes, mi madre (cuya infancia transcurrió en Tetuán durante parte de la Guerra Civil  y posterior posguerra) podría haber sido cualquiera de las niñas que, de refilón y como ambientación descriptiva, ocupan las calles y parques en “El tiempo entre costuras”.
Por ello, y como no podía ser menos, esta entrada se la dedico a Carmen (Meli) Bermejo,  por transmitirme la existencia tal día como hoy, un tres de julio, pero de mil novecientos cincuenta y seis, en el Hospital Civil de Tetuán (veinte años después de que Sira Quiroga tuviera que ser ingresada, por razones que oculto para no destripar el argumento, en el mismo hospital). ¡Gracias por TODO, Mamá!


SINOPSIS (según la propia autora)

La joven modista Sira Quiroga abandona el Madrid convulso de los meses previos al alzamiento arrastrada por el amor desbocado hacia un hombre a quien apenas conoce. Con él se instala en Tánger, una ciudad exótica y vibrante donde todo puede suceder. Incluso la traición. Sola, desubicada y cargada de deudas ajenas, Sira se traslada accidentalmente a Tetuán, capital del Protectorado Español en Marruecos. Espoleada por la necesidad de salir a flote, con argucias inconfesables y gracias a la ayuda de nuevas amistades de reputación un tanto dudosa, forjará una nueva identidad y logrará poner en marcha un selecto taller de costura en el que atenderá a clientas de orígenes lejanos y presentes insospechados. A partir de entonces, con la contienda española recién terminada y los ecos de la guerra europea resonando en la distancia, el destino de Sira queda ligado al de un puñado de carismáticos personajes --Rosalinda Fox, Juan Luis Beigbeder, Alan Hillgarth-- que la empujarán hacia un inesperado compromiso en el que las artes de su oficio ocultarán algo mucho más arriesgado.

(Editorial PLANETA)



PRIMERA PARTE

CAPÍTULO 1

Artesanos, pequeños comerciantes, empleados y jornaleros recién llegados a la capital llenaban las casas de alquiler y dotaban a mi barrio de su alma de pueblo. Muchos de ellos apenas traspasaban sus confines a no ser por causa de fuerza mayor; mi madre y yo, en cambio, lo hacíamos temprano cada mañana, juntas y apresuradas, para trasladarnos a la calle Zurbano y acoplarnos sin demora a nuestro cotidiano quehacer en el taller de doña Manuela.

Calle Zurbano

Cumplí los veinte, vino la República y conocí a Ignacio. Un domingo de septiembre en la Bombilla; en un baile bullanguero abarrotado de muchachas de talleres, malos estudiantes y soldados de permiso.

La Bombilla


CAPÍTULO 2

Ignacio, absorto en lo suyo y desconocedor de lo que ocurría ante sus ojos, se decidió finalmente por la Lettera 35 portátil, una máquina de teclas blancas y redondas en las que se encajaban las letras del alfabeto con tanta elegancia que parecían grabadas con un cincel.

Lettera 35 portátil

El lugar elegido no pudo ser más inocente: me llevó al café Suizo. Al comprobar aliviada que el entorno era seguro, creí que quizá aún estaba a tiempo de lograr la salvación. Pensé incluso, mientras él buscaba una mesa y me invitaba a sentarme, que tal vez ese encuentro no tenía más doblez que la simple muestra de atención hacia una clienta.

Café Suizo (interior)

CAPÍTULO 4

Las academias Pitman funcionan en la Argentina a todo gas: tienen más de veinte sucursales, miles de alumnos a los que preparan para puestos en empresas, en banca y en la administración. Les enseñan mecanografía, taquigrafía y contabilidad con métodos revolucionarios, y a los once meses salen con un título bajo el brazo, listos para comerse el mundo.



CAPÍTULO 5

Desembarcamos en Tánger un mediodía ventoso del principio de la primavera. Abandonamos un Madrid gris y bronco y nos instalamos en una ciudad extraña, deslumbrante, llena de color y contraste (…).Tánger, con su mar, sus doce banderas internacionales y aquella vegetación intensa de palmeras y eucaliptos; con callejuelas morunas y nuevas avenidas recorridas por suntuosos automóviles significados con las letras CD: corps diplomatique. Tánger, donde los minaretes de las mezquitas y el olor de las especias convivían sin tensión con los consulados, los bancos, las frívolas extranjeras en descapotables, el aroma a tabaco rubio y los perfumes parisinos libres de impuestos. Las terrazas de los balnearios del puerto nos recibieron con los toldos aleteando por la fuerza del aire marino, el cabo Malabata y las costas españolas en la distancia.

Tánger años 30

Faro del Cabo Malabata (Mi padre, Juan Díaz Fernández, a la izq., y el poeta Jacinto López Gorgé, en 1958)

A la espera de recibir noticias concretas de los dueños de las Academias Pitman, nos hospedamos en el hotel Continental, sobre el puerto y al borde de la medina.

Hotel Continental

Hotel Continental (El autor del blog, en 1992)

Por las tardes paseábamos por el recién construido boulevard Pasteur, (…) o nos sentábamos en cualquier café del Zoco Chico, el centro palpitante de la ciudad, donde lo árabe y lo europeo se imbricaban con gracia y comodidad.

Blvd. Pasteur

Zoco Chico

A veces terminábamos en el Haffa, junto al mar, bajo carpas hasta el amanecer. Con colchonetas en el suelo, con gente recostada fumando kif y bebiendo té.



Nos resultaba difícil entrar a un restaurante y no saludar en más de dos o tres mesas, llegar a la barra del hotel El Minzah o a la terraza del café Tingis y no ser requeridos para acoplarnos a la charla animada de algún grupo.



Hotel Minzha (patio)

Café Tingis (hoy día)

 Podría haber seguido andando mucho más tiempo: horas, noches, tal vez semanas, años y años hasta el fin de los días. Pero no lo hice porque en la Cuesta de la Playa, cuando pasaba como un fantasma frente a las Escuelas Españolas, un taxi paró a mi lado.

Cuesta de la Playa

CAPÍTULO  6

 Aquellas semanas inmovilizada en el Hospital Civil de Tetuán sirvieron para poner algo parecido al orden en mis sentimientos y para sopesar el alcance de lo que los últimos meses habían supuesto.

Hospital Civil Tetuán

En mi memoria empezaron entonces a cobrar forma algunos recuerdos borrosos. El calor asfixiante de aquel autobús al que todo el mundo, efectivamente, llamaba La Valenciana. El griterío en su interior, las cestas con pollos vivos, el sudor y los olores que desprendían los cuerpos y los bultos que los pasajeros, moros y españoles, acarreaban con ellos.


CAPÍTULO 7

La Alta Comisaría, los higos chumbos, el palacio del jalifa, los aguadores en sus burros, el barrio moro, el Dersa y el Gorgues, los bakalitos, la hierbabuena.

Alta Comisaría

Entramos entonces en La Luneta, junto a la judería, junto a la medina. La Luneta, mi primera calle en Tetuán: estrecha, ruidosa, irregular y bullanguera, llena de gente, tabernas, cafés y bazares alborotados en los que todo se compraba y todo se vendía.

Puerta de La Luneta

Calle La Luneta


Calle La Luneta hoy día (en la foto, mi madre, con gafas de sol; tras ella, en actitud lectora, la autora de la novela, María Dueñas)


CAPÍTULO 8

A veces me sentía incapaz de aceptar la propuesta, aún me faltaban las fuerzas, pero en otras ocasiones accedía, y entonces me llevaba por aquí y por allá, recorriendo el laberinto endemoniado de callejas de la morería y las vías cuadriculadas y modernas del ensanche español con sus casas hermosas y su gente bien arreglada.



Mi tía Carmen en la Medina de Tetuán (1955)

Ensanche

Ensanche

CAPÍTULO 9

En las primeras semanas de julio tuve alojado en este cuarto a un agente de aduanas pendiente de destino, o eso al menos decía él. (…) A partir del 18 de julio no le volví a ver más. Igual se unió al alzamiento, que salió por piernas por las cabilas hacia la zona francesa, que se lo llevaron para el Monte Hacho y lo fusilaron al amanecer.

Monte Hacho (Ceuta)

CAPÍTULO 10

—¿Dónde tenía que verles? —pregunté esforzándome por emplazar en su sitio todo lo que ella iba contando.
—En la Suica baja, en las traseras de una carbonería.

Suica baja

CAPÍTULO  11

Me adentré en La Luneta esforzándome por adaptar el ritmo al peso de la carga. Recorrí un tramo y giré hacia el mellah, el barrio hebreo. El trazado lineal de sus calles estrechísimas me reconfortó: sabía que no tenían pérdida, que la judería conformaba una cuadrícula exacta en la que era imposible desorientarse. Accedí después a la medina y, en principio, todo fue bien. Callejeé y pasé por sitios que me resultaron familiares: el Zoco del Pan, el de la Carne.

Judería

Zoco del Pan

Zoco del Pan

Y entonces, al alejarme del antro con toda la prisa del mundo pegada a la suela de las babuchas, la suerte por fin se puso de mi lado e hizo que me diera de bruces con el Zoco el Foki al volver la esquina.

Zoco el Foki

Descendí a la zona abierta del parque y me obligué a recuperar el sosiego. Atravesé con fingida calma los jardines llenos de sombras dormidas, tan extraños en aquella quietud sin los niños ruidosos, las parejas y los ancianos que a la luz del sol se movían entre las fuentes y las palmeras.

Parque de Tetuán

Parque (mi abuela, mi tía Adela y mi madre en 1950)

Parque (mi tía Adela, mi abuelo y mi madre en 1950)


Parque (Mi tía Adela y mi madre, con dos amigas, en 1947)

A medida que avanzaba, la estación aparecía cada vez más nítida ante mis ojos. Comparada con las casas bajas de la medina, ésta se me antojó de pronto grandiosa e inquietante, medio moruna, medio andaluza, con sus torretas en las esquinas, con sus tejas y azulejos verdes, y enormes arcos en los accesos. Varios faroles tenues iluminaban la fachada y mostraban la silueta recortada contra el macizo del Gorgues, esos montes rocosos e imponentes por donde supuestamente habrían de llegar los hombres de Larache.


Macizo del Gorgues al fondo (en primer plano, mi tía Adela y mi madre, en 1940)

CAPÍTULO 13

La segunda propuesta estaba emplazada en la principal vía de Tetuán, la que aún era la calle República, en una hermosa casa con torretas en las esquinas cerca de la plaza de MuleyelMehdi que pronto sería de Primo de Rivera.

Plaza Primo de Rivera


Mi tía Adela y mi madre (2ª y 3ª por la izquierda) en 1947, atravesando con unas amigas la Plaza Primo de Rivera

El inmueble que finalmente habría de convertirse en mi local de trabajo y residencia era un gran piso en la calle Sidi Mandri (…).

Calle Sidi Mandri

CAPÍTULO 15

—Vete a la escuela de Bertuchi.
—¿De quién?
—Bertuchi, el pintor. —El gesto de mi cara le hizo partícipe de mi ignorancia—. Pero muchacha, ¿llevas tres meses en Tetuán y aún no sabes quién es el maestro Bertuchi? Mariano Bertuchi, el gran pintor de Marruecos.

Mariano Bertuchi

—¿Y dónde está esa escuela? —pregunté mientras me ponía el sombrero y agarraba con prisa el bolso.
—Junto a la Puerta de la Reina.

Puerta de la Reina

Escuela de Arte Mariano Bertuchi

—Pues casi todos los sellos del Protectorado han sido impresos a partir de dibujos suyos. Imágenes de Alhucemas, Alcazarquivir, Xauen, Larache, Tetuán. Paisajes, personas, escenas de la vida cotidiana: todo sale de sus pinceles. Continuamos andando, él hablando, yo forzando el paso y escuchando.


—Y los carteles y los afiches para promocionar el turismo, ¿no los has visto tampoco? No creo que en estos días aciagos que vivimos tenga nadie intención de hacer visitas de placer a Marruecos, pero el arte de Bertuchi ha sido durante años el encargado de difundir las bonanzas de esta tierra. Sabía a qué carteles se refería, estaban colgados por muchos sitios, a diario los veía. Estampas de Tetuán, de Ketama, de Arcila, de otros rincones de la zona. Y, debajo de ellos, la leyenda «Protectorado de la república española en Marruecos». Poco tardarían en cambiarles el nombre.


SEGUNDA PARTE

CAPÍTULO 16

Disfrutaba sobre todo de los viernes: me acercaba a la vecina plaza de España —el Feddán le decían los moros— para ver al jalifa salir de su palacio y dirigirse de la mezquita sobre un caballo blanco, bajo un parasol verde, rodeado por soldados indígenas con uniformes de ensueño, un espectáculo imponente.

Palacio del Jalifa



Solía caminar después por la que ya comenzaba a llamarse calle del Generalísimo, continuaba el paseo hasta la plaza de MuleyelMehdi y pasaba frente a la iglesia de Nuestra Señora de las Victorias, la misión católica, abarrotada de lutos y plegarias por la guerra.

Mi tía Adela, mi abuela y mi madre paseando por la calle del Generalísimo en 1949

Mi cuñada Rosa, mi hermano Fernando, mi madre y mi hermano Carlos frente a la Iglesia Nuestra Señora de las Victorias (años 90)

Juntos paseaban todas las tardes entre las seis y las siete; juntos asistían a misas y novenas, se surtían de remedios en la farmacia Benatar, saludaban a los conocidos con cortesía y merendaban hojaldres en La Campana.

Mi cuñada Rosa, mi hermano Carlos, mi madre y mi hermano Fernando frente a la Pastelería La Campana (propiedad de mi familia materna desde los años 30 hasta los años 60)

CAPÍTULO 17

A su lado apareció entonces una mujer rubia delgadísima con todo el aspecto de no ser tampoco un producto nacional. Calculé que tendría más o menos la misma edad que yo pero, por la desenvoltura con la que se comportaba, bien podría haber vivido ya mil vidas enteras del tamaño de la mía. Me llamaron la atención su frescura espontánea, la apabullante seguridad que irradiaba y la elegancia sin aspavientos con la que me saludó rozando sus dedos con los míos mientras con un gesto airoso se retiraba de la cara una onda de la melena. Tenía por nombre Rosalinda Fox, y la piel tan clara y tan fina que parecía hecha del papel de envolver los encajes, y una extraña forma de hablar en la que las palabras de lenguas distintas saltaban alborotadas en una cadencia extravagante y a veces un tanto incomprensible.


CAPÍTULO 18

—El creador del modelo, querida ignorante mía, es Mariano Fortuny y Madrazo, hijo del gran Mariano Fortuny, quien probablemente sea el mejor pintor del siglo XIX tras Goya. Fue un artista fantástico, muy vinculado con Marruecos, por cierto. Vino durante la guerra de África, quedó deslumbrado por la luz y el exotismo de esta tierra y se encargó de plasmarlo en muchos de sus cuadros; una de sus pinturas más conocidas es, de hecho, La batalla de Tetuán.

"La batalla de Tetuán" (Mariano Fortuny y Madrazo)

Pero si Fortuny padre fue un pintor magistral, el hijo es un auténtico genio. Pinta también, pero en su taller veneciano diseña además escenografías para obras de teatro, y es fotógrafo, inventor, estudioso de técnicas clásicas y diseñador de telas y vestidos, como el mítico Delphos que tú, pequeña farsante, acabas de fusilarle en una reinterpretación doméstica intuyo que de lo más lograda.

Fortuny hijo y su mítico Delphos

¿Dónde vive usted? Disculpe la pregunta, no es curiosidad...
—En el paseo de las Palmeras.
Debí de haberlo supuesto: muchas de las mejores residencias de Tetuán estaban allí. Una zona distante y discreta al sur de la ciudad, cerca del parque, casi a los pies del Gorgues imponente, con grandes viviendas rodeadas de jardines. Más allá, las huertas y los cañaverales.

Mi abuela materna, en 1940, en las escalinatas que daban acceso al Paseo de las Palmeras.

Luisa y Ascensión, tías de mi madre (y unas amigas) en la huerta de Tetuán (1945)

CAPÍTULO 19

Tu clienta, preciosa, es la amante del teniente coronel Juan Luis Beigbeder y Atienza, alto comisario de España en Marruecos y gobernador general de las Plazas de Soberanía. El cargo militar y administrativo más importante de todo el Protectorado, para que me entiendas. (…)
—Descríbemelo.
—Alto, delgado, adusto. Moreno, repeinado. Con gafas redondas, bigote y pinta de intelectual. A pesar de su cargo y de los tiempos que corren, suele ir vestido de paisano, con unos trajes oscuros aburridísimos.

Beigbeder

Con este tormento de la guerra, no se recibe ni una película decente desde hace casi un año. Con las ganas que yo tengo de un buen musical americano. ¿Te acuerdas de Fred Astaire y Ginger Rogers en Sombrero de copa? «I just got an invitation through the mail / your presence is requested this evening / itʹs formal: top hat, white tie and tails...»

Tema al que hace alusión el fragmento, cantado y bailado por Fred Astaire

Con aquel propósito en mente salí de casa pero mis pasos, de manera inexplicable, se dirigieron en un sentido distinto al debido y me llevaron hasta la plaza de España. Me recibieron los macizos de flores y las palmeras, el suelo de guijarros de colores y los edificios blancos de alrededor. Los bancos de piedra estaban, como tantas otras tardes, llenos de parejas de novios y grupos de amigas. De los cafetines cercanos salía un agradable olor a pinchitos. Atravesé la plaza y avancé hacia la Alta Comisaría que tantas veces había visto desde mi llegada y tan escasa curiosidad había despertado en mí hasta entonces. Muy cerca del palacio del jalifa, una gran edificación blanca de estilo colonial rodeada de jardines frondosos albergaba la principal dependencia de la administración española. Entre la vegetación se distinguían sus dos plantas principales y una tercera retranqueada, las torretas en las esquinas, las contraventanas verdes y los remates de ladrillo anaranjado.

Plaza de España

CAPÍTULO 22
¿Sabes que José (Sanjurjo) fue también alto comisario en Tetuán en los años veinte? Él mismo fue quien diseñó los jardines de la Alta Comisaría, so beautiful.

José Sanjurjo
CAPÍTULO 25

Me condujo al Casino Español, un edificio en esquina, hermoso, con balcones de piedra blanca y grandes ventanales abiertos a la calle principal.

Edificio del Casino Español de Tánger (a la derecha en la foto)

Volvimos a aparcar en la plaza de Francia, volvieron a recibirnos las amplias avenidas y los edificios magníficos de la zona moderna de la ciudad.

Plaza de Francia (Tánger)

CAPÍTULO 29

Candelaria (…) nos ponía al tanto acerca de los últimos comentarios que sobre Serrano Suñer circulaban por Tetuán. Había llegado él dos días atrás y de la mano de Beigbeder recorrió todos los sitios y visitó a todos los personajes relevantes del norte de África: de Alcazarquivir a Xauen y después a Dar Riffien, del jalifa al gran visir. Yo no había visto a Rosalinda desde la semana anterior; las noticias, no obstante, circulaban de boca en boca.
—Cuentan que ayer tuvieron en Ketama una comida moruna entre los pinos, sentados en alfombras sobre el suelo.


Dos instantáneas de la visita de Serrano Suñer a Tetuán (en la primera, junto a Beigbeder)

Y, al fin, apareció el esperado, el deseado, el cuñado del Caudillo, arriba España. Enfundado en un terno negro, serio, envarado, delgadísimo y tremendamente guapo con su pelo casi blanco peinado hacia atrás; impasible el ademán, como decía el himno de Falange, con aquellos ojos de gato listo y los treinta y siete años algo avejentados que entonces portaba.

Escalofriante fotografía de Serrano Suñer (en el centro) que refleja el espíritu del párrafo.

CAPÍTULO 30

Supe que el alemán era Johannes Bernhardt, que Serrano se escudaba en Franco para presionar con más fuerza o evitar avenirse a algunas condiciones.

Johannes Bernhardt

CAPÍTULO 32

Alguna otra vez viajamos los cuatro —Marcus, Félix, Rosalinda y yo— en el Dodge de mi amiga por el mero plaisir de hacerlo: para ir a Saccone & Speed en busca de suministros de buey irlandés, bacon y ginebra; a bailar en Villa Harris, a ver una película americana en el Capitol y a encargar los tocados más despampanantes en el taller de Mariquita la Sombrerera.

Villa Harris

TERCERA PARTE

CAPÍTULO 34

Y antes de que el rumor trepara por los muros de la Alta Comisaría y se extendiera por las calles de Tetuán; mucho antes aún de que el nombre y la fotografía aparecieran en los diarios y toda España se preguntara quién era aquel señor moreno de bigote oscuro y gafas redondas; antes de todo eso, ya tenía yo conocimiento de quién había sido designado por el Caudillo para sentarse a su derecha en las sesiones de su primer Consejo de Ministros en tiempo de paz: don Juan Luis Beigbeder y Atienza en calidad de nuevo ministro de Asuntos Exteriores, el único integrante militar del gabinete con rango inferior al de general.

Toma de posesión de Beigbeder como Ministro de Asuntos Exteriores

CAPÍTULO 35

Sir Samuel Hoare llegó a Madrid a finales de mayo de 1940 ostentando el pomposo título de embajador extraordinario en misión especial.

Sir Manuel Hoare

CAPÍTULO 36

Ha abierto su propio negocio, Dean’s Bar. ¿Dónde? En la rue Amerique du Sud.


Dean's Bar

En un rincón, haciendo equilibrios sobre un montón de cajones, la voz de Billie Holiday cantaba Summertime desde un gramófono portátil.

"Summertime" por Billie Holiday

CAPÍTULO 38

Entré en el hotel Palace un mediodía de mediados de septiembre con el andar seguro de alguien que hubiera pasado media vida taconeando por los halls de los mejores hoteles del planeta.


Tal viernes y a la hora precisada, me dirigí a la Legación Americana en Tánger, un hermoso palacete moruno enclavado en plena medina.

Legación Americana en Tánger

Tenía unas cejas tremendamente espesas y su nombre no era Jason, sino Hillgarth. Alan Hillgarth, agregado naval de la embajada británica en Madrid y coordinador de las actividades del Servicio Secreto en España. Rostro ancho, frente despejada y pelo oscuro, con raya rectilínea y peinado hacia atrás con brillantina. Se acercó vestido con un traje de alpaca gris cuya calidad se intuía aun en la distancia.

Alan Hillgarth

CAPÍTULO 39

Y, sobre todo, vaya a Embassy, el salón de té del paseo de la Castellana, ¿lo conoce? —Por supuesto —dije. Me guardé de narrarle la de veces que en mi juventud había pegado la nariz contra sus escaparates, con la boca hecha agua ante la visión deliciosa de los dulces que en ellos se exhibían. Las tartas de nata adornadas con fresas, los pasteles rusos de chocolate y crema, las pastas de mantequilla. Jamás soñé entonces siquiera con que traspasar aquel umbral pudiera estar algún día al alcance de mi mano o mi bolsillo. Ironías de la vida, años después me estaban pidiendo que visitara aquel establecimiento todo lo posible.

Embassy (Madrid)

—De acuerdo, gracias. La última alemana: la condesa Mechthild Podewils, alta, guapa, de unos treinta años (…). Tiene excelentes contactos tanto alemanes como españoles, estos últimos a su vez pertenecen a los círculos aristocráticos y a los del gobierno, entre ellos Miguel Primo de Rivera y Sáenz de Heredia, hermano de José Antonio, el fundador de la Falange. Es una agente nazi en toda regla, aunque ella misma tal vez no lo sepa.

La condesa Mechthild Podewils (junto a Dionisio Ridruejo)

—Vamos ahora con las españolas. Piedad Iturbe von Scholtz, Piedita entre los amigos. Marquesa de Belvís de las Navas y esposa del príncipe Max de HohenloheLangenburg, un austríaco terrateniente y rico, miembro legítimo de la realeza europea, aunque lleva en España media vida. Apoya en principio a la causa germana porque es la de su país, pero mantiene constantes contactos con nosotros y con los americanos porque le interesamos para sus negocios.

Piedad Iturbe von Scholtz (junto a su hijo Alfonso y su nuera Ira)

—Y por último entre las más deseables, Sonsoles de Icaza, marquesa de Llanzol. Es la única que no nos interesa por su consorte, un militar y aristócrata treinta años mayor que ella. Nuestro objetivo aquí no es el marido, sino el amante: Ramón Serrano Suñer, ministro de Gobernación y secretario general del Movimiento. El ministro del Eje, le llamamos.

Serrano Suñer y Sonsoles de Icaza
CAPÍTULO 42

El Palacio de la Música era la sala y Rebeca, la película. La sesión ya estaba comenzada, pero no me importó: el argumento no me interesaba, sólo quería un poco de privacidad mientras transcurrían las horas necesarias para que alguien hiciera llegar a mi casa instrucciones sobre cómo actuar. El acomodador me acompañó a una de las últimas filas laterales mientras Laurence Olivier y Joan Fontaine recorrían a toda velocidad una carretera llena de curvas a bordo de un auto sin capota.

Palacio de la Música

Fotograma de Rebeca de la escena a la que hace referencia el fragmento

CUARTA PARTE

CAPÍTULO 44

Varios centenares de seres bien comidos y mejor vestidos recibieron el año 1941 en el salón real del Casino de Madrid al son de una orquesta cubana. Entre ellos, como una más, estuve yo.

Casino de Madrid

Al llegar, ascendí resuelta por la gran escalera de mármol y, una vez en el salón, fingí no percibir ni la magnificencia de la estancia ni los varios pares de ojos que me taladraron sin disimulo. Ni siquiera presté atención a las gigantescas lámparas de cristal de La Granja que colgaban de los techos ni a los zócalos de estuco que llenaban las paredes enmarcando grandiosas pinturas. Seguridad, dominio de mí misma: eso es lo que mi imagen desprendía.


Casino de Madrid (fotos actuales del interior)
CAPÍTULO 46

Y, sin apenas darme cuenta, se nos echó encima la primavera. Y con ella llegó una nueva invitación de mi padre. El hipódromo de La Zarzuela abría sus puertas, ¿por qué no le acompañaba? (…) La inauguración llevaba semanas ocupando titulares en los periódicos y saltando de boca en boca. Mi padre me recogió en su automóvil, le gustaba conducir. Durante el trayecto me explicó el proceso de la construcción del hipódromo con su original cubierta ondulada y habló también del entusiasmo de miles de madrileños por recuperar las viejas carreras.

Hipódromo de la Zarzuela el día de la inauguración


Yo, en reciprocidad, le describí mis recuerdos de la Hípica de Tetuán (…).

Hípica de Tetuán

CAPÍTULO 49

El Lusitania Express me dejó en la estación de Santa Apolonia una mañana de mediados de mayo. Llevaba dos enormes maletas con mi mejor vestuario, un puñado de instrucciones precisas y un cargamento invisible de aplomo; confiaba en que aquello fuera suficiente para ayudarme a salir airosa del trance.

Lusitania Express

Callejeamos por una Lisboa llena de viento y luz, sin racionamiento ni cortes de electricidad, con flores, azulejos y puestos callejeros de verdura y fruta fresca. (…) Recorrimos zonas nobles y elegantes con anchas aceras de piedra y edificios señoriales vigilados por estatuas de reyes y navegantes; transitamos también por zonas populares con tortuosas callejas llenas de bullicio, geranios y olor a sardinas. Me sorprendió la majestuosidad del Tajo, el ulular de las sirenas del puerto y el chirriar de los tranvías. Me fascinó Lisboa, una ciudad ni en paz ni en guerra: nerviosa, agitada, palpitante.

Lisboa

Tenía una habitación reservada en el hotel Do Parque, un alojamiento magnífico para una clientela mayoritariamente internacional en el que solían alojarse más alemanes que ingleses. (...) Accedí al hall (…). No me impresionó el brillo del mármol, ni las alfombras y el terciopelo de las tapicerías, ni las columnas elevándose hasta los techos tan inmensos como los de una catedral.

Hotel do Parque

CAPÍTULO 52

—Una última parada más, aquí mismo —propuso cuando le dije que era hora de regresar. Detuvo el auto frente a un café de entrada modernista en la rua Garrett. A Brasileira.
—Nadie puede irse de Lisboa sin tomar un buen café —añadió.
(…)
A pesar de la recargada ornamentación y el abundante número de parroquianos, el local estaba fresco y agradable. La barra a la derecha, las mesas a la izquierda; un reloj al frente, molduras doradas en el techo y grandes cuadros en las paredes.


CAPÍTULO 57

La ausencia de Beatriz Oliveira me dejó el ánimo como el mediodía lisboeta que hallé al salir de nuevo a la rua do Ouro: nublado, ventoso y turbio. Y, además, me quitó el hambre, así que tomé tan sólo una taza de té y un pastel en el cercano café Nicola y continué con mis asuntos.

La iglesia de São Domingos estaba junto a la plaza de Rossio, en pleno centro. (...) São Domingos, en comparación, era espectacular, con sus enormes columnas de piedra gris elevándose hasta un techo pintado de color sepia.

Iglesia de Sao Domingos
CAPÍTULO 68

—Casi todas las noches transmitía desde mi habitación del hotel Nacional.

Hotel Nacional (Tetuán)

Mi madre (con gabardina granate) en la puerta del Hotel Nacional (2010)

EPÍLOGO
El 7 de abril de 1956, con prisa a la luz de las crecientes tensiones, el Protectorado llegaba a su fin. Y mientras se transfería la soberanía y los marroquíes reconquistaban su tierra, para decenas de miles de españoles comenzó el drama de la repatriación. Familias enteras de funcionarios y militares, de profesionales, empleados y dueños de negocios, desmantelaron sus casas y emprendieron rumbo a una España que muchos de ellos apenas conocían ya. Atrás dejaron sus calles, sus olores, memorias acumuladas y a sus muertos enterrados. Cruzaron el Estrecho con los muebles embalados y el corazón partido en trozos y, atenazados por la incertidumbre de no saber qué les depararía aquella nueva vida, se desparramaron por el mapa de la Península con la nostalgia de África siempre presente.



Fotos familiares en Tetuán, 1939-40 (Mi madre, junto a varios miembros de su familia materna).

Como señala el epílogo de "El tiempo de costuras", "con el corazón partido en trozos", tendrían que abandonar los años allí vividos dejando atrás "a sus muertos enterrados (...) con la nostalgia de África siempre presente". Esta entrada pretende ser un homenaje a todos ellos.

23 comentarios:

  1. Maravillosa, Ismael. Qué preciosa la rememoración, y la mezcla de recuerdos personales-familiares con la novela. El Marruecos español es un gran olvidado (otra de las características feas de este país) y mostrarlo es un ejercicio imprescindible de historia. Me han encantado las fotos, de verdad.

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  2. Gracias, Marta, como siempre, por tu fidelidad y cumplidos. Veo que el propósito de mezclar realidad con ficción queda claro en esta "rememoración", como bien apuntas. Un homenaje a un pasado ya perdido y casi olvidado en el tiempo. ISMAEL

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  3. Pero seré tonta... Ha sido cerrar el ordenador y darme cuenta de que hoy es tu cumpleaños. No he podido volver hasta ahora. Remedio este imperdonable error: ¡¡muchísimas felicidades!! Espero que estés pasando lindísimo día...

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  4. Pues sí, 55 añitos, todo un chaval. Muchas gracias. ISMAEL

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  5. Ante todo, felicidades amigo! Muy atrasadas, lo sé, pero más vale tarde ¿no?
    Y no solo por tus 55 veranos -que para nada aparentas, solo faltaba- sino por esta maravillosa entrada tan mimada, tan íntima y tan completa.
    Después de pasar media tarde revisándola, te diré que no creo que la novela me guste más. Pero desde luego me han entrado muchas ganas de hincarle del diente. Gracias por abrirnos un cajón muy privado de tus recuerdos!!
    Un abrazo
    Ángel

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  6. Gracias por tus felicitaciones, Ángel, es un magnífico regalo tener amigos como tú.
    Respecto a la entrada, me ha quedado algo proustiana (por lo de la búsqueda del tiempo perdido) a la par que kariniana (por lo del baúl de los recuerdos): ¡vaya cocktail! ISMAEL

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  7. Que recorrido tan maravilloso, las fotos, los comentarios, rememorar de nuevo la novela, precioso. Emhorabuena¡¡
    Una Tetuaní

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  8. Me ha encantado. He pasado mucho rato releyendo y viendo las fotos una y otra vez... ¡Cómo ha cambiado todo aquello!
    Y es verdad que debió ser una tragedia abandonar toda una vida en África para volver a una España casi desconocida para muchos. El tiempo entre costuras debió ser un tiempo realmente difícil.
    Enhorabuena por la entrada.

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    1. Gracias. Te mandé el enlace porque imaginaba que te podría gustar. Tetuán estaba tan cerca, y a la vez tan lejos de Ceuta... Era como atravesar el espejo tras solo 40 kms: otro mundo, otras formas de vida, otros olores, otros sabores. Un mundo de cuento de mil y una noches para el niño que éramos. Además, aunque por razones obvias, Ceuta me formó, y Ceuta es España, yo nací en Tetuán, en el Hospital Civil, y eso constará siempre en mi DNI. Un poquito de ese otro mundo llevo en mi piel. De ahí esta entrada a modo de triple homenaje: a la novela, a mis antepasados, y al bebé recién nacido "en tierra extraña" en los albores del verano de 1956.

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  9. Pedazo de reseña! La verdad es que todo el mundo me ha hablado bien de él, así que lo incluiré en mi próxima compra! También os recomiendo otro libro de Lola Dueñas, "Misión Olvido", que podéis comprar online en Casa del Libro con este 5% de descuento y los gastos de envío salen gratis. Os dejo el enlace http://bit.ly/casadellibronov

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    1. Gracias por tus palabras y por tu recomendación.

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  10. Estoy leyendo esta novela "Entre costuras", y puedo decir que hace mucho tiempo que no leia una novela que me tuviera tan enganchada como esta, maravillosamente narrada, he decir que me costó decidirme a comprarla por aquellos de los "Betsellers", pero sin duda es altamente recomendable, "amena", escrita en una época sin duda fascinante y por que no decirlo no tan lejana de nuestra historia.

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    1. Es una novela que logra producir el placer de la lectura en sí misma. Y eso ya es un mérito enorme.

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  11. Que trabajo mas bien hecho. ( No pongo el punto de exclamación porque no lo encuentro )

    He vuelto a coger el libro antes de ver la serie, ya han pasado dos años desde la primera lectura y no me acordaba de todo. Buscando personajes de la novela he caido sobre esta pagina. Ha sido un agrable regalo para antes de dormir. Felicidades y gracias por compartir este trabajo.
    Maribel

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    1. Gracias a ti por tus palabras. Y me alegra mucho haber podido compartir contigo este gratificante esfuerzo por compendiar en el blog los principales lugares descritos en la novela, aunándolos con mis vivencias familiares y personales. Un saludo.

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  12. Muy buenas
    Un gran saludo desde Tetuán, te felicito Ismael por el afán y el trabajo de recopilar todas estas maravillosas fotos y, también rememorar aquella época con tus comentarios...la verdad me has dejado sin palabras. Me hubiera gustado vivir en aquellos tiempos donde todo era tan original,,,
    Mi padre trabajaba pastelero en la pastelería La Campana de tu familia materna, nacido en barrio Málaga 1946, "sigue contandonos sus recuerdos allí con los amigos hasta hoy en día", donde nací yo también en 1987... de vez en cuando nos visitan los antiguos vecinos del barrio, viniendo desde la península para revivir los recuerdos, cosa que con tu entrada de ese blog cualquiera tiene a su alcance revivir el recuerdo con la lectura y el repaso de las maravillosas fotos.
    Mil gracias, saludos desde Tetuán a ti y a toda la familia.

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    1. No sé tu nombre, pero gracias por tus palabras. Y qué bueno lo que me cuentas de que tu padre trabajaba en la pastelería La Campana. ¿Trabajaba en la época en que la pastelería era de mis tíos maternos? (años 40 a 60 aprox.) Un fuerte abrazo también para ti y los tuyos.

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  13. Bueno, dice mi padre que trabajó alli a partir de los años 63, el dueño se llamaba Francisco Vela rainir* y su mujer era Luisa escaña, sus hijo mayor paco y luis, su cocinera en casa era isabel, un familiar suyo tenía una farmacia Bernarde, vivia en pasaje garizabal. Vinieron de Ronda Málaga. .. otros trabajadores de la pastelería, pepe apodo "alcompeta", José, aranda, Lopez, carrasco,,, se llamaban entre si con estos nombres.

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  14. Pues esos eran mis familiares. La mujer de Paco Vela (Luisa Escaño) era la tía de mi madre (hermana de mi abuela). Cuando dejaron Tetyán se trasladó toda la familia a Málaga, y allí sólo viven aún sus hijos, Paco y Luis. ¿Cómo se llama tu padre? Se lo digo a mi madre, por si ella lo recordara.

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    2. Como veo que no te gusta mucho que tus comentarios aparezcan publicados, te dejo mi correo electrónico por si quieres que nos comuniquemos, y recordar aquellos años. ismanosotros@yahoo.es

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